En el borde del abismo

Posted on 2 mayo, 2010

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En un primer momento sentí la necesidad de contar esta historia pero pensé no publicarlo porque iba a tener un contenido exclusivamente personal, pero con sólo darle media vuelta me he dado cuenta de que tal vez es simplemente el ejemplo práctico de un problema general y, por tanto, podía venir a cuento.

Hoy, daba un solitario paseo por el centro de la ciudad y me encontré con uno de esas tantas personas que pasan por la vida de uno cuando está en la universidad. Yo, antes de hacer Periodismo, estudié una de esas carreras donde acaban muchos de aquellos que no tienen claro su futuro. En mi caso, no fue un problema de vocación sino consecuencia, vamos a dejarlo ahí, de un inconveniente técnico-vital. Después de esa pausa estudié lo que siempre quise, y me gusta pensar que gracias a la casuística casualidad y a un poquín de esfuerzo llevo encarrilado hasta hoy.

Y hoy ocurrió ésto:

– Nacho, ¿qué tal tu vida?
– Bieen, vengo de dar una vuelta, de dar un vistazo a los libros

Y fue esta frase la que llevó al equívoco que no fui capaz de corregir.

– Ah, sigues estudiando ¡como yo!, claro tío, hay que salir para adelante como se puede

Y lo único que fui capaz de esbozar tras una significada pausa fue un :’Claro tío, venga hasta luego y que me alegro de verte’.

¡Sí!, por primera vez he sentido vergüenza de decir si quiera que tengo un trabajo. Y es que efectivamente hay mucha gente de mi edad (y no de mi edad también) en el paro, con lo que no es raro buscar solidaridad en una interpretable frase hasta de un ya práctico desconocido, en este caso yo, que no hacía otra cosa sino venir de pasear por el último día de la feria del libro.

¡Y que sensación! Pero no por un silencio del que estoy más que satisfecho. Cuando continué mi camino aquello fue una exhalación. De alivio. Porque no son pocos los conocidos y algún amigo que comenzaron a estudiar una carrera que ni les gustaba y que ni terminaron para comenzar a estudiar una oposición que nunca sacaron y que están o en sus casas o trabajando de lo que les dejan. Y no puede uno evitar la sensación de que ,sin las decisiones correctas que uno ve ahora que tomó, también podía haber sido otro de ellos. Uno de quienes acabaron sin hacer lo que querían, no encontraron su camino y acabaron perdiendo la ilusión.

Y aquí es donde encadeno con la realidad –española pero desgraciadamente también, y sobre todo, muy canaria– de que el drama de esta crisis no son los jóvenes que tras hacer su carrera, y en algunos casos un máster, perdieron su trabajo cualificado dentro de los entre sus primeros de 2 a 6 años de carrera profesional y que, de momento, no encuentran nada. Esos, cuando la crisis termine de destruir puestos de trabajo y de un respiro, comenzarán a hacer entrevistas de trabajo y finalmente encontrarán algo de lo suyo.

En cambio, los jóvenes que a sus 29, 30, 31 ni tienen su formación completada, ni siquiera bien enfocada y que apenas han tenido experiencia laboral algunos empezarán a trabajar en el Lefties o en el C&A, pero otros tendrán muy difícil absorción por el sistema; un sistema donde también tendrán difícil encaje las tres cuartas partes de los obreros españoles y un segmento no despreciable de los que se dedicaban a servicios no cualificados directamente relacionados con los anteriores. Un problema de paro estructural, acuciado por la realidad de que no podemos seguir aumentando la masa funcionarial, que vamos a tener que afrontar pronto.

Para todos, desde ya, desde antes de ayer, desde las 08.00 horas de la mañana de mañana, sólo hay una solución: formación y reciclaje. Para los jóvenes estudiar y reciclarse para los mayores. Que se acabe ese pensamiento tan español de que uno estudia de pequeño para el resto de su vida o esas frases que desgastan los interinos a los que ahora les da pereza sacarse una oposición de: ‘A mi edad me voy yo a poner a estudiar, ¡por favor!, yo llevo 25 años en esto y tengo mis derechos’. Hay que ponerle remedio y al menos algunos están a tiempo.

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