3, 2, 1… huelga general

Posted on 10 junio, 2010

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Era lo que querían los sindicatos. Huelga general. La patronal tiene lo que quería, despido más barato. El Gobierno tiene lo que quería; un golpe de autoridad tras el desmando generalizado de las últimas semanas. La oposición del PP tiene lo que necesitaba, una reforma sin consenso social que podrá abatir pero no bloquear en el Congreso. PNV y CiU tienen lo que deseaban: ser de nuevo la pieza que falta del puzle para permitir el encaje y aprobación parlamentarios. CC tiene lo que quería; apoyará la reforma que el presidente canario viene pidiendo repetidamente y marcará distancia con su socio de Gobierno en el archipiélago. El PP canario, por su parte, tiene otra taza de lo que viene buscando en los últimos meses, una nueva oportunidad para enfrentar, atestiguar y sacar pecho de la distancia que le separa de unos nacionalistas canarios que habrán “apoyado una reforma insuficiente a cambio de otra dosis de ‘nada’ económica para las islas”–éste será un entrecomillado que veremos en boca de aún no se quien de los populares en las próximas semanas–.

Lo peor, que con todo, con cada cual sacando para lo suyo, los ciudadanos seremos los únicos que no habremos sacado nada en claro. De momento ni entendemos si las medidas serán suficientes o insuficientes. No tenemos ni idea de si servirán para paliar el paro a corto plazo (ésto es seguro que no) y ni siquiera a largo. Cobraremos menos cuando nos despidan y ni siquiera sabemos si será para conseguir reducir el desmedido paro estructural español (el doble que la media europea). No sabemos si al ligar sueldo a objetivos seremos más rentables, haremos a los jefes más felices, a las empresas más ricas y, por extensión, acabaremos ganando más dinero y potenciando la ‘economía país’; o si de lo contrario a partir de entonces los jefes tendrán en su mano abusar del poder o, peor, seguirá todo como siempre. Además, no tenemos ni idea de si el Estado tendrá dinero de aquí a 5 años para seguir pagando la aplicación del contrato alemán y, por tanto, las partes de nuestros sueldos en caso de que se nos reduzca la jornada. Y lo peor. Que cuando sepamos algo, desgraciadamente volverá a ser demasiado tarde.

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